miércoles, 24 de agosto de 2011

¿POR QUÉ NO DUERME TODA LA NOCHE?



El patrón del sueño de los bebés es diferente al de los adultos, y hay muchas razones por las que es prácticamente imposible pretender que un bebé duerma toda la noche, pues no están preparados para ello.

Los bebés necesitan despertarse a menudo, entre otras cosas para comer, y sobre todo para mantenerse vivos.
Si Ud., se hace esta pregunta, entonces léase el artículo:
"Cuatro verdades acerca del sueño de los bebés" y hallará en el algunas respuestas muy interesantes.

El sueño es básicamente una necesidad fisiológica, y el tema del hábito, se refiere no al dormir sino a las modalidades del dormir.... "la dormida, tal como otras cosas en la vida, es parte del desarrollo del niño". Los periodos de vigilia y sueño se van modificando a medida que el niño crece. Lo que no es muy conocido es que si bien desde el nacimiento están presentes las formas REM y no-REM del sueño, el ritmo y la frecuencia se van modificando a lo largo del desarrollo. Es posible que en los primeros meses el sueño REM (también conocido como "Active sleep") sea de mas importancia que en los periodos posteriores, y por eso los bebes presenten en los primeros meses de vida aproximadamente durante el 50% del tiempo que duermen, sueño de tipo REM. Este porcentaje va disminuyendo: aprox. 33% a los 3 años hasta llegar al 25% en la adolescencia (porcentaje que se conserva en la adultez).

Antes de llegar a la conclusión de que nuestro hijo no duerme porque debe existir algún trastorno serio o porque no le hemos enseñado los hábitos correctos, deberíamos conocer algunas cosas:

Si bien es cierto que existen trastornos graves en el sueño infantil como pueden ser las apneas o alteraciones patológicas graves tanto en la calidad como en la cantidad de sueño (que se relacionan muy frecuentemente con psicosis más tardías), también es cierto que a veces las expectativas de los padres o la sociedad son el único problema.

Si un niño no consigue conciliar el sueño durante la noche, debería tratar de averiguarse el porqué, antes de decidir que se hará para conseguir que se duerma, y pensar que simplemente se trata de una conducta anómala, o de malos hábitos. Veamos algunas posibles causas:

Estamos tratando de seguir "a pie juntillas" lo del consejo médico de "descanso nocturno de seis horas" causa de algunos trastornos en la lactancia y del abandono prematuro de la misma.
Tal vez el niño esté durmiendo demasiado durante el día y tenga el sueño "cambiado".
Tal vez eche de menos a sus padres que estén trabajando y la noche sea el único momento para disfrutar de ellos, y lo único que está haciendo es manifestar sus necesidades emocionales como puede.
Tal vez, no se encuentre bien (ya que en la noche suelen aumentar los síntomas de algunas enfermedades y se suelen dar los cólicos del lactante).
Puede que tenga hambre, sed o frío, o necesite que su pañal o su ropa sean cambiados.
Puede haberse asustado en la oscuridad
Tal vez solo necesite un poco de amor y seguridad.
Pero cualquiera que sea la razón, cerrarle la puerta o dejarle llorando no la resolverá, solamente la ocultará, pues es probable que el niño termine durmiendo agotado de llorar, y no porque se haya resuelto su problema.¿No sería más importante tratar de dar solución a la raíz del problema,( si en realidad lo hay) y no a la manifestación del mismo simplemente?.
Pongo de ejemplo el caso más cercano que conozco:

"Mis padres, tratando de crear buenos hábitos en mi, y a partir de los 5 o 6 años, cuando creyeron que ya era mayorcita, me obligaron a dormir con la luz apagada, y cerraban mi puerta para tener intimidad. Yo dejé de llorar y protestar a los dos o tres días, pero tardaba mucho tiempo en dormirme y me envolvía angustiada y asustada debajo de las mantas esperando el terrible momento en que los fantasmas y demás monstruos vendrían a atacarme. Y yo ahora les entiendo, y nunca he dejado de amarles, pero todavía le tengo terror a la oscuridad, y lejos de habituarme a dormir a oscuras, sigo necesitando una tenue luz al menos, para sentirme tranquila a pesar de ser una adulta, y de saber que no hay nada que temer."

Asegúrese que su hijo tiene algún problema antes de tomar remedio a algo inexistente. Ello podría ser tan perjudicial como el tomar medicamentos sin necesidad.

¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES NORMAL?

ES NORMAL QUE SU BEBÉ NO DUERMA TODA LA NOCHE DE UN TIRÓN

ES NORMAL QUE NO AGUANTE "LAS FAMOSAS SEIS HORAS"

ES NORMAL QUE QUIERA ESTAR A SU LADO, AÚN EN SU MISMA CAMA

ES NORMAL QUE LE GUSTE QUE LE DUERMA EN SUS BRAZOS

ES NORMAL QUE LE GUSTE QUE LE CANTEN, LO MEZAN Y LO MIMEN

ES NORMAL QUE SU BEBÉ QUIERA COMER DE NOCHE-LO NECESITA

EN NORMAL QUE LLORE CUANDO LE NECESITA O SE ENCUENTRA MAL

ES NORMAL QUE QUIERA COMER DE NUEVO ANTES DE "LAS TRES HORAS" O INCLUSO ANTES DE DOS

ES NORMAL QUE LE GUSTE DORMIRSE CON EL SENO DE MAMÁ EN LA BOCA, AUNQUE YA HAYA COMIDO ( Especialmente si no usa chupete).No tema que se empache, la leche materna no le hará daño.

NO ES NORMAL QUE NO CONSIGA CALMARLO CON NADA DURANTE MUCHO TIEMPO

NO ES NORMAL QUE NO DUERMA NADA O REALMENTE POCO EN 24 HORAS (Especialmente en los primeros meses)


¿QUÉ PUEDO HACER?¿EXISTE ALGÚN MÉTODO INFALIBLE?

Si realmente cree que existe algún problema con su hijo, lo único que puede hacer es consultar con un médico para que le hagan las pruebas oportunas y confirmar si es así o no.Si fuese así, siga las indicaciones médicas. Pero si su hijo se encuentra, como la mitad de los niños del mundo, solo entre los que sin saberlo ellos "no cumplen con las normas sociales" o "no superan las expectativas", entonces SEA REALISTA, SEA PACIENTE. Esa etapa no durará demasiado, y cuando miré atrás se habrá alegrado de no haber usado métodos infalibles.

¿Pero existen métodos infalibles? Hay quien dice que si, pero la realidad es otra. Ningún método es infalible 100%, a menos que estemos hablando de "Inductores del sueño" o del mismísimo "cloroformo".

Los que hablan de métodos infalibles, hablan en realidad de técnicas conductuales para modificar conductas anómalas Y aún cuando efectivamente algunos de ellos funcionen en un alto porcentaje de casos, es mi opinión que todos los padres deberían estar informados de las repercusiones de los mismos que en sus hijos pudieran tener a corto o largo plazo.

En pocas cosas se ponen de acuerdo aún los expertos; hoy nos dicen una cosa y mañana otra. Y mientras tanto ¿quienes sufren las consecuencias de sus errores?, pues aquellos que ciegamente siguen sus consejos.

ESCUCHA LA VOZ DE TU CORAZÓN
FÍATE DE TU INSTINTO MATERNAL O PATERNO

¿TE DICEN ELLOS QUE DEJES LLORAR A TU HIJO?

EL AMOR ES EL MEJOR MÉTODO QUE PUEDO ACONSEJARTE
Y EL AMOR SÍ QUE ES INFALIBLE

Pero si quieres más ratificación de lo que digo, aquí te van algunas opiniones expertas acerca de dichos métodos. En estas opiniones se hace referencia también a un libro titulado "Duérmete niño" que aconseja estas prácticas disciplinarias:

"Hay que ser muy prudente en este tema porque es cierto que hay trastornos muy graves en el sueño infantil y que hemos de intentar solucionar en bien del niño. Pero no creo que hablemos de esto sino más bien de niños que les gusta más dormir acompañados que solos; niños que se despiertan por la noche más de lo que los padres desearían etc.. es decir niños sin ningún trastorno grave. En este caso si que es verdad que casi la mitad de la población infantil sufre estos problemas, pero también es cierto que la mayoría de embarazadas en el ultimo trimestre se despiertan mas veces durante la noche para ir a mear y eso no es ni grave ni perjudicial. Lo mejor es buscar un MÉTODO PARA PADRES y no para los niños. Hay cosas que funcionan como explicar las ventajas del co-lecho para estos problemas, que aprendan a aceptar a sus hijos o simplemente que analicen si és de verdad un problema o solo algo que les molesta a ellos. Hay muchos más pero estos son los más usados.
Pero en ningún caso hay que dejar llorar al bebé. Parte de los problemas que pueden derivar de esos métodos es lo que en castellano denominamos "indefensión aprendida" y en Inglés "Learned Helplessness".
No hay ningún método efectivo al 100% para dormir a los niños. Hasta el mismo Dr. Estivill reconoce que hay trastornos serios (terrores nocturnos, pesadillas, sonambulismos etc...) para los cuales su método no funciona.
En el caso de los problemas "menores" (despertarse durante la noche, querer estar con los padres etc...) el método no funciona siempre. Debido a mi profesión conozco gente que han tenido recidivas al cabo de un tiempo de que el método les había funcionado y otros a los que nunca funcionó.
Yo no se como duerme el Dr. Estivill. Me imagino, que como la mayoría, se acostará mas pronto o tarde según el trabajo que tenga, según el programa de la televisión que esté mirando, según el sueño le apremie o depende de si hay cena con amigos en donde las sobremesas se alargan hasta la madrugada. Después, ya en la cama, leerá un ratito hasta que, cansado, dé media vuelta y quede dormido abrazado a su mujer que le da un beso de buenas noches. De madrugada se despierta (hoy estaba salada la comida y tiene sed), pero no es la única vez (!Maldita próstata!). Lo peor son aquellas noches en que se desvela y pasea un rato por la casa para no despertar a su esposa. Pero ahora, si esto le sucede, ya no pasea, puesto que medita sobre un "método" para dormir niños. Veamos: Acostarlos a la misma hora. Nada de cuentos, lecturas, canciones...Ni de besos, abrazos (!Sobre todo no compartir nunca la cama!). Si se despiertan de madrugada hay que dejarles llorar porque pueden pasar doce horas sin beber, solos...es decir, !han de aprender a dormir como los mayores!.



POR QUÉ LOS NIÑOS SE DESPIERTAN POR LA NOCHE


La mayoría de los insectos, reptiles y peces tienen cientos de hijos, con la esperanza de que alguno sobreviva. Las aves y mamíferos, en cambio, suelen tener pocos hijos, pero los cuidan para que sobrevivan la mayoría.
Los mamíferos, por definición, necesitan mamar, y por lo tanto ningún recién nacido puede sobrevivir sin su madre. Pero, según la especie, también necesitan a su madre para muchas otras cosas.
En algunas especies, el recién nacido es capaz de caminar en pocos minutos y seguir a su madre (¿quién no recuerda aquella escena encantadora en Bambi?). Eso ocurre sobre todo en los grandes herbívoros, como ovejas,
vacas o ciervos. Estos animales viven en grupos que devoran rápidamente la hierba de una zona, y tienen que desplazarse cada día a un nuevo prado. Es necesario que la cría pueda seguir a su madre en estos desplazamientos.
Los pequeños herbívoros, como los conejos, pueden esconder a sus crías en una madriguera, salir a comer y volver varias veces al día para darles el pecho. Sus crías no caminan nada más nacer, sino que son indefensas durante los primeros días.
Lo mismo ocurre con la mayoría de los carnívoros, como los gatos, perros o leones. La madre sale a cazar dejando a sus indefensas crías escondidas.
Las crías no nacen sabiendo, sino que aprenden, y esto es importante, porque les permite una mayor flexibilidad. Una conducta innata es siempre igual, una conducta aprendida puede adaptarse mejor a las condiciones del entorno, y perfeccionarse con la práctica. La primera vez que un ciervo ve a un lobo, debe salir corriendo. Si no lo hace bien, morirá, y por lo tanto no podrá aprender a hacerlo mejor. Por eso es lógico que los ciervos sepan correr en cuanto nacen. Los lobos sí que pueden aprender: la primera vez el ciervo
se les escapa, pero con la práctica consiguen atraparlo. Los juegos de su infancia constituyen un aprendizaje para su vida adulta.
Los primates (los monos) parece ser que descendemos de animales que caminaban nada más nacer. Pero, al vivir en los árboles, tuvimos que hacer cambios. Bambi resbala varias veces antes de ponerse en pie; y eso no tiene importancia en el suelo. Pero, subido en una rama, un resbalón puede ser
fatal. De modo que los monitos van todo el día colgados de su madre, hasta que son capaces de ir solos perfectamente, sin el menor error.
Pero es el monito el que se cuelga, activamente, de su madre, agarrándose con fuerza a su pelo con manos y pies, y al pezón con su boca (cinco puntos de anclaje). La madre puede correr de rama en rama, sin preocuparse de sujetar al niño.
¿Se atrevería usted a ir de rama en rama, o simplemente caminando por la calle, con su bebé a cuestas pero sin sujetarlo, ni con los brazos ni con ningún paño o correa? Claro que no. Para que un niño sea capaz de colgarse
de su madre y sujetarse solo durante largo rato, probablemente debería tener al menos dos años. Ya nuestros primos más cercanos, los chimpancés, son incapaces de sujetarse solos al principio, y su madre tiene que
abrazarlos, pero sólo durante las dos primeras semanas. La diferencia con nuestros hijos es abismal. Y para caminar (no para dar cuatro pasos a nuestro alrededor, como hacen al año, sino caminar de verdad, para seguirnos cuando vamos de compras, sin llorar y sin que tengamos que girar la cabeza cada segundo a ver si vienen o no), nuestros hijos tardan al menos tres o cuatro años.
Hasta los 12 o 14 años, es prácticamente imposible que los niños sobrevivan solos; y en la práctica, procuramos no dejarles solos hasta los 18 o 28 años. Los seres humanos son los mamíferos que durante más tiempo necesitan a sus padres, y dejan muy atrás al segundo clasificado.
Probablemente, esto se debe en parte a nuestra gran inteligencia. Como decíamos de los lobos, la conducta debe ser aprendida para ser inteligente, pues la conducta innata es puramente automática. Nuestros hijos tienen que aprender más que ningún otro mamífero, y por lo tanto tienen que nacer sabiendo menos. ¿Y qué tiene todo esto que ver con que los niños se despierten? Ya llega, ya llega. Ahora mismo veremos que tiene que ver todo lo anterior con la conducta de su propio hijo.
Empezábamos diciendo que hay crías que necesitan estar todo el rato con su madre, encima de ella o siguiéndola a poca distancia, y otras que se quedan escondidas, en un nido o madriguera, esperando a que su madre vuelva. Para saber a qué tipo pertenece un animal, basta con observar cómo se comporta una cría cuando su madre se va. Los que tienen que estar siempre juntos se ponen inmediatamente a llorar, y lloran y lloran (o hacen el ruido equivalente en su especie) hasta que su madre vuelve. Una cría de ganso,
por ejemplo, aunque tenga agua y comida cerca, no come ni bebe, sino que sólo llora hasta que sus padres vuelven, o hasta la muerte. Sin sus padres, de todos modos no tardaría en morir, por lo que debe agotar toda su energía en llorar para que vuelvan. Y debe empezar a llorar inmediatamente, en cuanto se separa, porque cuanto más tarde en hacerlo más lejos estará, y por tanto más difícil será que le oiga. En cambio, un conejito o un gatito, cuando su madre se va, permanecen muy quietos y callados. Esa separación es normal en su especie, y si se pusieran a llorar podrían atraer a otros animales, lo que siempre es peligroso. ¿Cómo reacciona su hijo cuando usted le deja en la cuna y se aleja? Si, como hacían los míos, "se pone a llorar como si le
matasen", quiere decir que, en nuestra especie, lo normal es que los niños estén continuamente, las 24 horas, en contacto con su madre.
Y no es difícil imaginar que hace 50.000 años, cuando no teníamos casas, ni ropa, ni muebles, separarse de su madre significaba la muerte. ¿Se imagina a un bebé desnudo en el campo, al aire libre, expuesto al sol, a la lluvia, al viento y a las alimañas, sólo durante ocho horas, mientras su
madre "trabaja" recogiendo frutas y raíces? Ni siquiera una hora podría sobrevivir en esas circunstancias. En tiempos de nuestros antepasados, los bebés estaban las 24 horas en brazos, y sólo se separaban de su madre para estar unos momentos en brazos de su padre, su abuela o sus hermanos. Y cuando empezaban a caminar lo hacían alrededor de su madre, y tanto la madre como el niño se miraban continuamente, y se avisaban mutuamente cuando veían que el otro se despistaba.
Hoy en día, cuando usted deja a su hijo en la cuna, sabe que no corre ningún peligro. No pasará frío, ni calor, ni se mojará, ni se lo comerá un lobo. Sabe que usted está a pocos metros, y le oirá si pasa algo y vendrá en seguida (o, si usted ha salido de casa, sabe que otra persona ha quedado
de guardia, escuchando a pocos metros). Pero su hijo no sabe todo eso.
Nuestros niños, cuando nacen, son exactamente iguales a los que nacían hace 50.000 años. Por si acaso, a la más mínima separación, lloran como si usted se hubiera ido para siempre. Más adelante, cuando empiece a comprender dónde
está usted, cuándo volverá y quién le cuida mientras tanto, empezará a tolerar las separaciones con más tranquilidad. Pero aún faltan unos años.
Casi toda la conducta del bebé, que aún no ha aprendido nada, es instintiva, idéntica a la de nuestros remotos antepasados. Y la conducta instintiva de la madre también tiende a aparecer, aquí y allá, despuntando entre nuestras gruesas capas de cultura y educación.
Por eso, cuando vaya al parque con su hijo de tres años, ambos se comportarán de forma muy similar a sus antepasados. Usted mirará casi todo el rato a su hijo, y le avisará cuando se despiste ("ven aquí" "no vayas
tan lejos"). Su hijo también le mirará con frecuencia, y si la ve despistada o hablando con otras personas se pondrá nervioso, incluso se enfadará, e intentará llamar su atención ("mira, Mamá, mira" "mira qué hago" "mira qué
he encontrado"...)
Llegamos a la noche. Es un periodo particularmente delicado, porque si el niño duerme ocho horas, y la madre se ha ido durante este tiempo, cuando despierte puede estar a siete horas de marcha, y por más que llore no la oirá. Hay que montar la guardia. Durante las primeras semanas, nuestros
hijos están tan completamente indefensos que es su madre la que debe encargarse de mantener el contacto. En aquellas raras culturas (como la nuestra) en que madre e hijo no duermen juntos, la separación hace que la madre esté muy intranquila, y sienta la necesidad imperiosa de ir a ver a
su hijo cada cierto tiempo. ¿Qué madre no se ha acercado a la cuna "para ver si respira"? Claro que sabe que está respirando, claro que sabe que no le pasa nada, claro que sabe que su marido se reirá de ella por haber ido... pero
no puede evitarlo, tiene que ir.
A medida que el niño crece, se va haciendo más independiente. Eso no significa que pase más tiempo solo, o que haga las cosas sin ayuda, porque el ser humano es un animal social, y no es normal que esté solo. Para un
ser humano, la soledad no es independencia, sino abandono. La independencia consiste en ser capaces de vivir en comunidad, expresando nuestras necesidades para conseguir la ayuda de otros, y ofreciendo nuestra ayuda para satisfacer las necesidades de los demás. Ahora ya no hace falta que usted vaya a comprobar si su hijo respira o no; ¡él se lo dirá! Como se está haciendo independiente, será él quien monte guardia. Se despertará más o menos cada hora y media o dos horas, y buscará a su madre. Si su madre
está al lado, la olerá, la tocará, sentirá su calor, tal vez mame un poco, y se volverá a dormir enseguida. Si su madre no está, se pondrá a llorar hasta que venga. Si Mamá viene enseguida, se calmará rápidamente. Si tarda en
venir, costará mucho tranquilizarle; intentará mantenerse despierto, como medida de seguridad, no sea que Mamá se vuelva a perder.
Es aquí donde la vida real no coincide con los libros, porque a las madres les han dicho que, a medida que su hijo crezca, cada vez dormirá más horas seguidas. Y muchas se encuentran con la sorpresa de que es todo lo
contrario. No es "insomnio infantil", no son "malos hábitos", simplemente es una conducta normal de los niños durante los primeros años. Una conducta que desaparecerá por sí sola, no con "educación" ni "entrenamiento", sino porque el niño se hará mayor y dejará de necesitar la presencia continua de su
madre.
Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo normal" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad.
Si cuando su hijo llora usted le deja llorar, le está enseñando que sus necesidades no son realmente importantes, y que otras personas "más sabias y poderosas" que él pueden decidir mejor que él mismo lo que le conviene y
lo que no. Se hace más dependiente, porque depende de los caprichos de los demás y no se cree lo suficientemente importante para merecer que le hagan caso.
Una infancia feliz en un tesoro que dura para siempre, que nadie podrá jamás arrebatarte. La infancia de su hijo está ahora en sus manos.

Dr. Carlos González

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