lunes, 24 de febrero de 2014

LAS HERRAMIENTAS DEL CARPINTERO...

Porque nosotros somos colaboradores de Dios I Corintios 3:9

Una mañana, mucho antes que el carpintero llegara al taller, las herramientas del carpintero decidieron tener una conferencia para considerar algunos problemas que se estaban presentando en su trabajo.
 El primero que ocupó el banquillo de los acusados fue el hermano Martillo. 

La junta le informó que tendría que renunciar porque hacía demasiado ruido en su trabajo. -Pero – se defendió – si tengo que salir del taller del carpintero, también debe irse el hermano Barreno porque es muy insignificante y causa muy poca impresión. 


El pequeño hermano Barreno se puso en pie y dijo: -Esta bien, pero también debe irse el hermano Tornillo.

 A él hay que darle vuelta tras vuelta y no se llega a ninguna parte. El hermano Tornillo dijo entonces: -Si ustedes así lo quieren, me iré. Pero el hermano Cepillo también debe irse; su trabajo es superficial y no hace nada de profundidad.

 A esto el hermano Cepillo replicó: -Bueno, también tendrá que retirarse la hermana Regla si yo me retiro.

 Siempre está midiendo a los demás como si fuera la única que está en lo correcto. 8 La hermana Regla se quejó de la hermana Lija y dijo: -No me importa que sea más áspera que lo que debe ser, pero siempre está tratando de un modo amable a la gente.

 En medio de la discusión, entró el carpintero de Nazaret, antes de lo esperado. Había ido a trabajar como todos los días. Se puso el delantal y se acercó al banco para hacer un púlpito. 

Usó el tornillo, el barreno, la lija, el serrucho, el martillo, el cepillo y todas las otras herramientas. Terminadas las labores del día y el púlpito, se levantó el hermano Serrucho y dijo: -Hermanos, ¡me he dado cuenta que somos colaboradores de Dios! ¿Habría entre tus conocidos alguien que no cumple sus deberes en la forma que piensas deberían hacerse? Sería bueno pensar dos veces antes de criticar o hallar falta en alguno de los instrumentos que Dios usa para el progreso de su obra aquí en la tierra. Si un juicio egoísta contra uno de los instrumentos de Dios hace que éste sea removido de su trabajo, ¿quién será el culpable de la dilación de la obra de Dios?

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